El bar tiene muchos años, era Almacén y despacho de bebidas, pertenecía al padre de Roberto.

Luego el almacén cerró y quedó sólo el bar, que administró Roberto hasta su muerte en 2006. A partir de entonces fue alquilado por unos chicos jóvenes que mantuvieron la estética y el espíritu del bar sumándolo a la movida de tango joven que hay en la zona.

Al abrir a las 18.30 llegan varios hombres mayores habitués que se juntan a jugar al truco y a beber tragos (aperitivos, whisky, vino). No llegan juntos sino que se encuentran allí. Tienen una gran familiaridad con el lugar y con los encargados – unos chicos jóvenes -. Entran y salen al pasillo, a la calle, detrás del mostrador, se sirven solos las bebidas, gritan, juegan a enojarse por el juego. Mientras tanto los encargados preparan el bar para la noche (barren, bajan las sillas de arriba de las mesas, reciben proveedores). Alrededor de las 21 estos hombres se van y el bar se transforma. Cambia la música (a la tarde está la 2×4, luego ponen rock), bajan las luces y comienza a llegar la gente más joven, que generalmente consume cerveza, vino o fernet. El local (que es muy pequeño) se llena de gente, que se sienta en cualquier lado, compartiendo mesa con extraños, o se queda en la barra o parada. Muchos de estos clientes son habitués, o siguen a un artista en particular y van cuando se presenta allí.